En redes sociales se ven sonrisas, logros, actividades especiales y momentos que nos llenan de orgullo. Pero hay algo que casi nunca se ve: todo lo que ocurre antes y después de esas imágenes.
Para entenderlo mejor, le preguntamos a Irma Coronado, maestra de Escolar 1, cómo es realmente un día en CIRIAC. Y la historia comienza mucho antes de que lleguen los alumnos.
Antes de que inicie el día
Cuando el edificio todavía está en silencio, el trabajo ya empezó. Cada silla se coloca en su lugar. Cada mochila se acomoda. Cada utensilio personal se prepara con cuidado: lentes, pecheras, cabezales, férulas y otros apoyos que cada alumno necesita para comenzar su jornada con seguridad y comodidad.
Nada es improvisado. La preparación no es un detalle logístico; es una forma de decir, desde antes de que entren al salón: te estábamos esperando.
Lo que casi nadie se imagina
Uno de los momentos más retadores del día no sucede durante una actividad especial, sino en algo tan cotidiano como la hora de la comida. Muchos alumnos no pueden alimentarse por sí solos. Llegan cansados de sus terapias, pero con mucho apetito.
Entonces comienza una coreografía perfectamente coordinada: acompañar, apoyar, dar de comer, cuidar posturas, observar señales, animar… todo al mismo tiempo.
Es un trabajo que exige técnica, paciencia y una enorme sensibilidad. Porque no se trata sólo de alimentar, sino de cuidar.
El momento más demandante
Si el desayuno es un reto organizativo, la salida es un reto emocional. Revisar que cada objeto personal esté en su mochila. Cuidar que la vestimenta sea adecuada según el clima. Asegurar que cada alumno se vaya seguro, cómodo y listo para regresar al día siguiente.
Y después, ordenar el salón nuevamente. Dejar todo preparado. Volver a empezar, incluso antes de que termine el día. Es un trabajo minucioso que requiere atención individual constante.
Entonces, ¿qué hace que valga la pena?
Porque en medio del cansancio hay avances. En medio de la exigencia hay sonrisas. En medio de la rutina hay crecimiento. Un día en CIRIAC no es sólo una jornada escolar. Es un esfuerzo colectivo para sostener procesos que cambian trayectorias de vida.
Lo que se ve en redes es el resultado. Lo que no se ve es el compromiso diario que lo hace posible.
Tú también puedes ser parte de lo que no siempre se ve. Cada preparación al amanecer, cada comida acompañada y cada despedida cuidadosa es posible gracias a la continuidad. Y esa continuidad necesita una red que la sostenga.
Haz posible la continuidad
Padrinos CIRIAC no sólo es una forma de donar. Es una forma de asegurar que cada alumno pueda seguir avanzando sin interrupciones. Es darle certeza a las familias. Es respaldar al equipo que, todos los días, prepara, cuida y acompaña.
Cuando alguien se convierte en Padrino CIRIAC, no está financiando una sesión aislada. Está sosteniendo días completos como este. Está haciendo posible que mañana, antes de que amanezca, todo vuelva a estar listo para recibirlos.
Quiero ser Padrino CIRIAC